Los niños empiezan a salir, ¿cómo prepararnos?

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Desde que se decretó el estado de alarma el pasado 14 de marzo, los niños no habían podido salir a la calle. Esta semana el Gobierno ha anunciado que ahora podrán empezar a hacerlo a partir del próximo día 27 de abril. Con restricciones, las cuales todavía están poco claras.

Los niños están sufriendo con el confinamiento, tanto como los adultos o más, y lo expresan de otras maneras (a sus maneras). Les genera ansiedad, frustración, estrés y no tienen aún las herramientas emocionales necesarias para elaborar todo eso. Cuanto más largo sea el periodo de confinamiento, más riesgo hay que acabe teniendo algún impacto en la salud psicológica de los niños y en todas las áreas clave del neurodesarrollo. Sobre todo en la primera infancia (hasta los 7 años): desde el movimiento, a las relaciones sociales, el juego o el aprendizaje.

Efectos emocionales en niños del confinamiento

El no poder tener contacto con otros niños ni salir al parque a correr y jugar ni acabar de entender qué está pasando, miedo (aunado a las condiciones que puedan estar viviendo en casa con posible pérdida del trabajo de los padres, abuelos o personas de la familia enfermas…), conlleva a un nivel de estrés difícil de gestionar para todos, especialmente para los niños.

Por eso es una buena noticia la propuesta del Gobierno. Desgraciadamente, ante esta noticia tan esperada, la alegría y la esperanza de este pequeño paso hacia la vuelta a la normalidad, pueden venir acompañadas por una serie de emociones, dudas y preguntas tanto en los padres como hijos. 

Las principales señales del estrés en los niños tienen relación con los siguientes aspectos:

  • Alteraciones del sueño: dificultades para conciliarlo, despertar de madrugada, miedos nocturnos, pesadillas, etc…
  • Conductas desafiantes o rabietas, ya sea con los padres, los hermanos o las personas con quienes conviven.
  • Somatizaciones: dolores de cabeza repetitivos, de barriga, tics nerviosos, apatía…
  • Regresiones, como perder el control de los esfínteres, volver a actitudes más infantiles ya superadas (no querer comer solos, necesitar que les acompañen a dormir cuando ya iban solos, necesitar un cuento para ir a la cama cuando ya no lo necesitaban, etc…)

¿Cómo regular las emociones de los niños?

Es importante procurar que estos síntomas no vayan a más. Para ello es importante tener en cuenta diferentes aspectos y ante la inminente salida restringida de los niños a la calle, también hay algunos aspectos a considerar:

  1. Dar información

Exploremos el qué saben y qué han entendido sobre lo que pasa. Conocer sobre sus dudas y qué necesitan saber realmente, nos permitirá corregir ideas erróneas que puedan aparecer. Se recomienda no esconder información, ya que es que la obtengan de la mano de sus padres y no escuchando conversaciones o noticias por la radio o la TV. Preserva a los niños de una información sin filtros y sobredimensionada. Ten cuidado con los programas a los que podemos exponerlos sin darnos cuenta. Evitemos sobreinformación hablando o escuchando todo el día noticias sobre la pandemia.

Ante la inminencia de las salidas de los niños, es mejor explicarles muy bien cómo podrán ser esas salidas. En especial al decirles el cómo, cuándo y lo que podrán hacer y lo que no. Contesta a sus preguntas con la verdad pero potenciando los aspectos positivos de los respuestas. Los niños suelen preguntar lo que pueden escuchar, si preguntan algo es que están preparados para escuchar la respuesta. Ofrece la posibilidad de que puedan aparecer esas preguntas, que no aparezcan no significa que no estén en su cabeza. Habla del tema con ellos.

  1. Las emociones

La situación de confinamiento produce sentimientos de tristeza, miedo, irritabilidad, etc… Habla con ellos sobre esos sentimientos. En especial de lo mucho que echan de menos a sus amigos del colegio, a sus abuelos o parientes. Aportémosle tranquilidad y esperanza planteando que pronto lo podrán hacer. Esto se hace especialmente importante cuando ha habido alguna pérdida en la familia.

La previsión de poder empezar a salir con los niños puede generar emociones contradictorias, como alegría, nerviosismo, impaciencia, tristeza, enfado, irritabilidad, incertidumbre, miedo… Ayuda a diferenciar esas emociones que suelen aparecer todas mezcladas y poco definidas dejando al niño en un estado de confusión que no sabe ni puede expresar. Pon palabras a lo que ellos no pueden expresar. Valida sus emociones, compártelas y dales un espacio para poder hablarlas. Lo importante es transmitirles calma y seguridad. Hay muchas personas trabajando para que estemos protegidos y mejore la situación. Todo irá bien.

  1. Rutinas y pautas de higiene

Durante el periodo de confinamiento se hace necesaria la introducción de rutinas que nos ayuden a poner una estructura en nuestro día a día, a organizarnos y a ayudarnos a diferenciar un día de otro. Esta estructura transmite seguridad a los niños. Mantengamos unos horarios de sueño y de alimentación parecidos a los que teníamos antes. 

Hagamos actividades de diferentes tipos con los niños, desde actividades escolares, juegos hasta ver películas. Demos un lugar importante a actividades de tipo físico, como correr (dentro de las posibilidades de cada casa y familia), saltar, jugar a pelota, bailar, inventarse juegos que requieran movimiento. Así como actividades más tranquilas, como ejercicios de relajación, yoga, etc…

Regula el uso de las pantallas. Limita el uso de teléfonos, tablets, televisión, películas, series, videojuegos, entendiendo que la situación es excepcional y que se puede ser algo más laxo. Intentemos compartir actividades con ellos también a través de las pantallas, no los dejemos todo  el  tiempo solos con las pantallas.

Si ya era importante lavarse las manos hasta ahora, cuando se empiece a salir, es imprescindible una rigurosa higiene de manos. Supervisa el lavado de manos. Un juego que se puede utilizar es dibujar una estrella en el dorso de la mano e ir jugando durante el día a ir borrándola con los lavados que hagamos.

También será muy importante que aprendan a mantener la distancia de seguridad cuando vayan por la calle. Es muy fácil que se encuentren con amigos o conocidos, y tendremos que limitar el acercamiento y el contacto entre niños y entre niños y otros adultos. Utilicemos la imaginación para hacer más fácil que se retengan, por ejemplo: imagina que vas dentro de una burbuja invisible que no nos permite acercarnos.

 Todo esto son ejemplos y sugerencias, pero lo principal es estar atento a las señales que los niños puedan ir lanzando y procurar traducir que es lo que puede estar afectándoles. Si él o ella sabe que los adultos estaremos ahí para ayudarlo, le haremos sentir más seguro y eso hará que el estrés sea mucho más bajo. Si los síntomas se mantienen o tenemos dudas sobre lo que puede estar pasando lo mejor es acudir a un especialista.

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