Consumo de alcohol y conducción

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Todos sabemos que conducir bajo los efectos del alcohol es peligroso, pero la mayoría de conductores piensan que se exagera y creen en toda una serie de tópicos o mitos que existen alrededor de la conducción y el alcohol.

Una persona que conduce bajo los efectos del alcohol tiene alteradas muchas de las funciones físicas y psicológicas perjudicando gravemente la conducción. A partir de una alcoholemia de 0,25 g/l de aire espirado los efectos del alcohol son evidentes para la mayoría de las personas, pero por debajo de ese nivel muchos conductores creen que no hay ningún riesgo y no toman las precauciones adecuadas.

Los efectos principales del alcohol en el conductor son:

-Percibe peor las señales, las distancias, las luces y la velocidad a la que va.

– Provoca alteraciones psicomotrices, lo que provoca una peor coordinación.

-Se reduce y altera la capacidad de reacción.

-Tiene el equilibrio alterado.

-Puede sufrir visión en túnel, es decir, se reduce el campo visual.

-Es más sensible a los deslumbramientos.

-La fatiga visual aparece con más facilidad y se producen problemas para mantener la concentración visual.

-Se produce una falsa sensación de seguridad, sobrevalora sus capacidades y esto le lleva a ponerse en más situaciones de riesgo.

-Puede aumentar las conductas impulsivas y/o agresivas.

 

Tasa de alcoholemia ¿Qué es?

La alcoholemia representa el volumen de alcohol que hay en la sangre y se mide en gramos de alcohol por cada litro de sangre (g/l) o su equivalente en aire espirado. Al medirse por el alcohol detectado en el aire espirado, la unidad utilizada es la de «miligramos por litro de aire» (mg/l), que en la práctica se convierte en «gramos por litro de sangre», multiplicando por 2.

Según la legislación actual las tasas de alcoholemia permitidas son las siguientes:

 

Como apuntábamos antes, cualquier alcoholemia, por pequeña que sea, puede alterar la capacidad de conducción, aumentando la posibilidad de accidente. Es por esto que a nivel internacional la tendencia es a bajar la tasa de alcoholemia permitida hasta alcanzar la tasa de 0,1 – 0,2 g/l para conductores en general, y de 0,0 g/l para conductores profesionales.

 

 

La baja percepción del riesgo del consumo de alcohol hace que surjan mitos y falsas creencias sobre su consumo y la conducción, por ejemplo:

“Si no paso del límite que dice la ley no hay peligro”

Totalmente falso. Las alteraciones descritas anteriormente ya se pueden dar por debajo de los 0,25 mg/l en aire espirado. Por debajo del límite el riesgo de accidente puede incrementarse.

“Si bebo comiendo, el alcohol no se absorbe”

Falso. Beber alcohol con el estomago lleno puede retrasar su absorción pero el alcohol consumido siempre terminará por pasar a la sangre.

“Un café, dormir un rato, y como nuevo”

Falso. Ni el café, ni el té, ni ninguna otra substancia pueden hacer que se reduzca el nivel de alcohol. Por eso, tampoco los chicles, los caramelos, el azúcar, masticar granos de café, beber aceite, beber mucha agua, usar sprays bucales, etc… sirven para nada. Tampoco dormir un ratito o hacer ejercicio, va hacer que desaparezca el alcohol de nuestra sangre antes de tiempo.

Todavía estamos lejos de considerar el consumo de alcohol como algo incompatible con la conducción, por eso muchas personas gastan más tiempo y energía en pensar cómo “engañar” al “control de alcoholemia” que a cuidarse y protegerse. Lo mejor es no beber alcohol si vamos a conducir.

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