Crisis de salud mental y COVID-19

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Estamos en la segunda ola de COVID. La inseguridad que genera la crisis social y económica provocada por la pandemia está haciendo que flaqueen las fuerzas de los ciudadanos que tanto se esforzaron por adaptarse a la nueva situación. Especialmente en los ciudadanos más vulnerables, en quienes se empiezan a observar los primeros síntomas de agotamiento.

Diversas entidades internacionales y nacionales dedicadas a la salud mental señalan que se ha observado a nivel mundial un incremento de casos de ansiedad y depresión, así como de ingresos por causas de salud mental en los hospitales.

La pandemia de COVID-19 se considera un evento traumático que puede causar daños de diversa índole: tanto físicos, emocionales como psicológicos. Además, las políticas implementadas para prevenir la propagación de la enfermedad han introducido nuevos factores de estrés: distanciamiento y aislamiento social, teletrabajo forzoso, desempleo, problemas económicos, entre otros…

La incertidumbre reina en esta pandemia

Actualmente nos encontramos con una sociedad en cuarentena, donde la temporalidad y la incertidumbre es lo que prima. Esta pandemia nos pone de manifiesto que no todo lo podemos resolver como lo hacíamos antes y que no todo lo que sucede lo podemos controlar.

La salud mental es sensible a los eventos traumáticos, ya que posee consecuencias sociales y económicas. Estudios previos sobre las consecuencias emocionales de desastres naturales o sociales sugieren que la exposición a eventos traumáticos a gran escala se asocia con una mayor carga de enfermedades mentales en las poblaciones afectadas. Por ejemplo, después del 11 de septiembre de 2001, el 9,6% de los residentes de Manhattan tuvieron síntomas compatibles con la depresión y el 7,5% tuvieron síntomas compatibles con el trastorno de estrés postraumático.

La revista The Lancet Psychiatry advierte que la carga psicológica y social generada por el COVID-19 se hará cada vez más evidente en los próximos meses, a medida que se manifiesten los efectos de las medidas sociales como el distanciamiento físico, la soledad, la muerte de amigos/as y familiares,  la pérdida de empleo y la pérdida de capacidad económica.

Como psicoterapeutas y profesionales de la salud mental, uno de nuestros  objetivos principales es la construcción de un espacio seguro donde se puedan acoger los sentimientos dolorosos, validarlos para así poder metabolizarlos y poco a poco transformarlos en salud emocional.

El miedo es un afecto primario que se va transformando a medida que crecemos. Pero al tratarse de una emoción incómoda intentamos escaparnos, evitándolo o negándolo. Ahora estamos aprendiendo a convivir con él. Para realizar ese aprendizaje es útil contar con recursos relacionales y poder acudir a recursos profesionales si nos es necesario.

2020-11-23T13:05:18+00:00 21 de octubre, 2020|Ansiedad, Centro Bonanova, Depresión, Estrés, Psicología, Trauma|0 Comentarios

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