Bebidas energéticas y sus peligros

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Las bebidas energéticas son bebidas sin alcohol que contienen diversas sustancias estimulantes, básicamente taurina y cafeína, que ofrecen disminuir la fatiga, el agotamiento y proporcionar un incremento de la resistencia física.

Al ser bebidas que han estado relacionadas siempre con un aumento de la energía, el deporte, la resistencia, etc… se las ha vendido como bebidas “sanas”, mensaje que ha llegado directamente a un público muy joven e incluso adolescente con consecuencias no tan “sanas”.

La realidad es que consumir bebidas energéticas está relacionado con aumentar nuestro riesgo de sufrir diversos trastornos, especialmente si las mezclamos con alcohol. Esta costumbre, que ya hace unos años se extendió, sobre todo entre adolescentes y jóvenes, es especialmente peligrosa.

 

Las principales consecuencias, y más graves, de las bebidas energéticas tienen que ver con:

  • El azúcar: llevan el equivalente a 20 cucharadas de azúcar, lo que se relaciona con la obesidad, las diabetes tipo 2, caries, etc…
  •  Altas dosis de cafeína: pueden provocar trastornos del sueño, alteraciones de la tensión arterial, palpitaciones, nauseas, vómitos e incluso convulsiones. Su consumo aumenta el riesgo de padecer diversas complicaciones cardiovasculares incluso en adultos sanos. La FDA (Food and Drug Administration) reconoce los riesgos del alto consumo de cafeína e impone un límite de 71 miligramos en los refrescos de 354 mililitros. Sin embargo, no se han impuesto límites al contenido de cafeína de las bebidas energéticas, y cada envase puede contener fácilmente de 200 a 300 miligramos, o más.
  •  Y el tercer peligro proviene de la mezcla con bebidas alcohólicas. La elevada cantidad de cafeína que contienen las bebidas energéticas enmascara los efectos depresores del alcohol sobre el sistema nervioso central, es decir, minimizan la autopercepción de la ebriedad. Cuando no se tiene la percepción de ir bebido (se camufla por el efecto estimulante de la cafeína), más probabilidades hay de seguir bebiendo, y por tanto aumenta el riesgo de llegar a una intoxicación etílica, sufrir lesiones (peleas, accidentes), y en última instancia, sufrir un coma etílico. Además se están poniendo las bases para desarrollar una adicción a corto o medio plazo.

Las empresas productoras de bebidas energéticas tienen como población diana a los consumidores adolescentes y los ponen en riesgo de una sobrecarga extrema de cafeína con consecuencias cardiovasculares y neurológicas potencialmente devastadoras. Entre 2005 y 2011 las visitas a urgencias relacionadas con estas bebidas aumentaron de 1.494 a 20.783.

 

En España cuatro de cada diez estudiantes de entre 14 y 18 años las toman, según los últimos datos de la encuesta ESTUDES, y más de la mitad de los que declaran haber consumido alguna vez bebidas energéticas experimentaron problemas de salud relacionados con su consumo.

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