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Dejar la cocaína: “Consumo cocaína, luego siento asco”

Cuando luego de unos meses de dejar la cocaína y mantenerse abstinente, los pacientes se asombran de que existan deseos de consumo que a veces concluyen con una recaída. Relatan que no sienten ningún tipo de placer cuando consumen e incluso les genera asco. ¿Cómo comprender este fenómeno?

En primer lugar, es importante entender que dejar la cocaína no es sólo la abstinencia sino también modificar hábitos o formas de respuesta ante situaciones cotidianas. Esto implica por un lado saber cómo resolvemos nuestros problemas en el día a día. Reconocer el malestar que generan estos conflictos (de baja o alta intensidad) e intentar o resolverlos de otra manera o asumir y tolerar determinados montos de displacer.

En segundo lugar, que se sabe que en el cerebro funciona el circuito de recompensa cerebral. Este circuito ha permitido al ser humano la emisión de una serie de conductas fundamentales para la supervivencia, como la conducta alimentaria o la conducta sexual. La activación de estos centros tiene como consecuencia que se experimente una importante sensación de placer, así como que guarde en su memoria los estímulos que se asocien con la realización de dichas conductas. De esta manera, cuando la persona se exponga a estímulos similares a los que percibió cuando su sistema de recompensa se activó, la reacción inmediata será percibida como de deseo, de acercamiento. Nuestro sistema de recompensa se activa y nos dice “prepárate, ahora hay algo importante (para tu supervivencia) que tienes que hacer”.

En tercer lugar, es importante subrayar que este sistema de recompensa está fuertemente relacionado con la supervivencia y que se trata de un mecanismo que funciona en tomar “decisiones” todo-nada. Dicho de otra manera de vida o muerte. Porque el sistema de recompensa se localiza principalmente en estructuras subcorticales del cerebro (es decir, evolutivamente más viejas que el córtex cerebral), no tiene acceso al procesamiento consciente o voluntario.

Por último, si una persona es adicta a la cocaína, entonces tóxico modifica dicho circuito del placer, y consigue que el sujeto aprenda y tienda a realizar conductas de consumo de la sustancia, así como a mantener en su memoria estímulos contextuales que posteriormente pueden servir de desencadenantes del consumo.

Ahora podemos comprender por qué es tan complicado dejar la cocaína. Para ello hay que relacionar los cuatro puntos más arriba enunciados.

La cocaína modifica el sistema de recompensa y hace que la cocaína sea equivalente a la supervivencia del adicto.

Es decir, cocaína=supervivencia

Pero este sistema de recompensa por interpretar el consumo como una cuestión de la supervivencia no evalúa las consecuencias a largo plazo. Es como si el cerebro enviase el siguiente mensaje:

O consumes o te mueres

Pero esto sucede en estructuras cerebrales sobre las que la voluntad y la consciencia no tienen influencia. La conciencia en este sentido puede sentir displacer, pero a niveles subcorticales el sistema de recompensa obtiene placer. Es decir:

Consumo de cocaína placer en el Sistema de recompensa

Consumo de cocaína displacer en procesamiento consciente

Ahora podemos comprender porque cuando un paciente que desea dejar la cocaína relata que siente displacer al consumir, está diciendo lo que a nivel consciente percibe de las modificaciones irreversibles que el consumo ha producido.

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