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La cafeína y las adicciones

19 de octubre de 2016

El café, el té, el chocolate y los refrescos de cola son las principales fuentes de cafeína, que es consumida en casi todas las edades y estratos socioeconómicos. Las bebidas energéticas contienen una cantidad mayor de cafeína que los refrescos: Por ejemplo el Red Bull® contiene 80 mg de cafeína en 250 ml.

La cafeína, también denominada teína, guaranina o mateína, es un constituyente natural presente en más de 60 especies de plantas. Se podría considerar la sustancia estimulante de mayor consumo y la más socialmente aceptada a nivel mundial. Se cultivó por primera vez en Etiopía, de la misma forma que el té en China y el cacao en América del Sur. En el siglo XV se desarrollo la técnica de tostar y moler los granos de café y en poco tiempo su consumo  se expandió por todo el mundo.

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Sólo en España se consumen 14.000 millones de tazas de café al año, siendo el promedio de consumo de café entre semana de 3,6 tazas al día entre los mayores de 15 años. Estas pautas de consumo son similares en América y en el resto de Europa, con los países nórdicos a la cabeza en cuanto a consumo per cápita.

La cafeína tiene efectos positivos, como la mejora en el desempeño de tareas de vigilancia y en otras tareas simples que requieran de atención sostenida. También incrementa el nivel de alerta y reduce la sensación de fatiga (tanto mental como física). Estos serian los principales efectos que la mayoría de personas notamos al tomar café y los que en principio se buscan con su consumo.

En los últimos años se han desarrollado estudios en los que se evalúa el rol neuroprotector de la cafeína en determinadas enfermedades. Parece que tiene un papel importante a nivel neurológico favoreciendo la plasticidad sináptica, lo que convierte a la cafeína en un “normalizador” cognitivo, previniendo el deterioro y reduciendo su avance. Esto podría ser el inicio de nuevas opciones terapéuticas para fases tempranas de enfermedades como el Alzheimer.

Los efectos negativos de la cafeína tendrían lugar cuando se consumen cantidades excesivamente elevadas. La ingesta de café en grandes cantidades provocaría un aumento de la ansiedad y esto daría lugar a, por ejemplo, taquicardias, dificultades para dormir, o incluso a un empeoramiento del control motor fino. Cuando el consumo supera aproximadamente, los 300 mg al día, el sistema motor puede verse activado sobremanera, así como resultar alterado el ciclo de sueño-vigilia además de aumentar de forma generalizada las tasas de metabolismo cerebral.

¿Pero la cafeína puede crear dependencia?

El área del cerebro relacionada con la dependencia es la llamada área del placer, el núcleo accumbens. Las sustancias consideradas habitualmente como “drogas” (alcohol, cocaína, heroína, cannabis…) activan la transmisión dopaminergica en la corteza del núcleo accumbens.

El consumo de  cafeína actúa únicamente en el núcleo caudado, otra parte del cerebro, lo que  guardaría relación con las propiedades estimulantes de la cafeína en la actividad psicomotora. Por otro lado, la cafeína también estimula la liberación de dopamina en la corteza prefrontal que sería consistente con sus propiedades psicoestimulantes y con el refuerzo de la conducta de consumición. Para que la cafeína incrementase la actividad funcional de la corteza del núcleo accumbens (y por tanto produjera dependencia) debería consumirse en una cantidad cinco veces mayor a la media diaria. Por eso se afirma que a pesar de que la cafeína cuente con algunos criterios para ser considerada droga de abuso, hay un riesgo de adicción muy bajo.

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Sin embargo, en personas con una adicción a sustancias, especialmente cocaína y/o alcohol, la cafeína puede convertirse en una sustancia “de sustitución” y tener efectos secundarios  importantes.

Como señalábamos antes, la cafeína tiene una serie de efectos activadores del sistema nervioso central que la hacen psicoestimulante: Aumenta la alerta, reduce la sensación de cansancio y fatiga, aumenta la capacidad de mantener un esfuerzo intelectual y mantiene el estado de vigilia a pesar de la privación de sueño. Además sus efectos vasodilatadores hacen que mejore el rendimiento físico y potencia la disminución de la sensación de cansancio y fatiga.

Estos efectos, especialmente los psicoestimulantes, recuerdan, aunque sea de lejos, a los efectos estimulantes de la cocaína  y a los efectos euforizantes de los consumos de alcohol. Esto es lo que hace que personas que han desarrollado una adicción, sin darse cuenta la mayor parte de ocasiones, incrementen de forma elevada la cantidad de café o de otras bebidas con cafeína.

Hay un intento, inconsciente, de conseguir efectos parecidos con la cafeína a los que se obtenían con la sustancia primaria de dependencia. Esto no es posible, por supuesto, pero lo que sí  hace es alterar el sistema nervioso lo suficiente como para que pueda aparecer un craving y llevar a una recaída.

Lo que ha pasado es que el consumo de cafeína se ha usado como un pretendido “sustituto” de la substancia principal de la adicción, pero al no ser posible, ha provocado o como poco, facilitado, la recaída.


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