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Jóvenes dominados por Internet

20 de diciembre de 2010

Un adolescente que solo de pensar en que se tiene que ir de vacaciones con su familia al apartamento de la playa donde no tendrá internet sufre un ataque de ansiedad. Una chica que le roba dinero a la madre varias veces al mes para recargar la tarjeta del teléfono móvil. Un treintañero que se pasa 10 horas al día metido en un juego de rol online y ni sale de casa para no descender puestos en la clasificación. Son casos reales atendidos en alguno de los centros de la comunidad donde se tratan las adicciones a las nuevas tecnologías. 

Los expertos consideran que el problema crece cada año, pero apenas hay datos porque hasta julio estos casos no se registraban como una adicción en sí misma, sino que se incluían en otras categorías, generalmente, en la de juego patológico. El registro es tan reciente que los datos de la Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social, de la que depende el Sistema de Información del Plan Andaluz sobre Drogas (Sipasda), están muy por debajo de los reales. Según la Junta, hay seis personas en tratamiento por este tipo de adicción, aunque en el centro que la organización sin ánimo de lucro Antaris tiene en Dos Hermanas (Sevilla) tratan ahora a nueve personas con excesiva dependencia a las nuevas tecnologías, mientras que en la Asociación Sevillana de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Asejer) atienden a cinco.

“Somos conscientes de que hay que ajustar mucho más los datos, pero para eso tenemos que conocer mejor la situación”, admite la directora general de Servicios Sociales y Atención a la Drogodependencia, Ana Gómez. Para llenar este vacío, la Junta y la Universidad de Sevilla están investigando el uso de nuevas tecnologías y riesgo de adicciones entre 3.000 andaluces de 9 a 20 años. Será la primera radiografía sobre la prevalencia de esta forma de adicción. Hasta que no se conozca el resultado, la Junta prefiere no elevarlo a la categoría de problema social. “Como todavía no tenemos, yo aún no quiero hablar de que estemos ante un problema. Pero hay que estar vigilantes”, señala la directora general.

Los expertos que trabajan en centros donde cada día tratan a estos adictos sí que hablan sin reservas de un problema consolidado y en auge. Se trata de una adicción de las llamadas “sin sustancia”, como la que se sufren algunas personas al sexo o a las máquinas tragaperras. En las nuevas tecnologías se dividen en varios tipos: al teléfono móvil, a Internet (sobre todo a redes sociales, chats, juegos de rol y juegos de azar con premios reales) y a los videojuegos.

El perfil del adicto es el de un joven con problemas de aislamiento social. “El problema no son las nuevas tecnologías en sí, sino el uso que algunas personas hacen de ellas”, explica Domingo Calderón, psicólogo y director del centro de tratamiento ambulatorio Antaris de Dos Hermanas. Desde que en 2003 atendieron el primer caso de adicción al móvil, cada año registran un incremento de este tipo de situaciones. El primer obstáculo al que se enfrentan los profesionales es que la mayoría de estos adictos no considera que tenga un problema. “No reconocen su adicción. Llegan empujados por los padres o porque nos avisan desde los centros escolares. Al principio te cuesta llegar a los chicos porque les tienes que decir que se rehabiliten de algo que ellos no consideran un problema”, explica Pilar Martín, trabajadora social de la Asociación Sevillana de Jugadores de Azar en Rehabilitación.

La situación es aún más complicada porque los padres, a menudo, tampoco se dan cuenta de la situación hasta que es demasiado tarde. “Te dicen que hace tiempo que le veían pasar muchas horas delante del ordenador, que casi no salía, ni estudiaba, ni hacía vida con la familia, pero que pensaban que era una etapa rara propia de la edad. Y, además, te reconocen que ellos, en el fondo, estaban más tranquilos viendo que el chico está en casa en vez de en la calle”, cuenta el director del centro de Dos Hermanas.

La trabajadora social de Asejer va más allá: “A veces la dependencia se la creamos los propios padres. Si van a cualquier sitio les decimos: llévate el móvil y llámame en cuanto llegues. Al final, conseguimos que no sepan vivir sin el teléfono”. Mientras el objetivo en el tratamiento de otras adicciones es la abstinencia, en este caso se da por hecho que el pacientes tiene que convivir con el móvil o Internet, por lo que el reto es el autocontrol. En los casos más graves, la primera fase de la terapia incluye apartar por completo al adicto de aquello que le genera dependencia. Como con otras drogas, suelen sufrir un síndrome de abstinencia psicológico que les crea ansiedad e irritabilidad.

Las terapias son fundamentalmente psicológicas y de intervención social, para que el joven sea capaz de ir apoco a poco llenando su vida de actividades al margen de la tecnología. Las familias también se someten a ellas. “Hay que reeducar al joven, pero también a sus padres”, explica Pilar Martin. Pasados siete u ocho meses, el tratamiento suele culminar con éxito. “Cuando el chico aprende a hacer un buen uso del móvil o del ordenador, se da cuenta de que su calidad de vida aumenta”, explica la trabajadora social de Asejer.

Fuente: Elpais.com


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