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La adicción a sustancias y la codependencia de la familia

25 de enero de 2017

El uso del término codependencia se remonta a los años cincuenta cuando en los Estados Unidos a las esposas de los alcohólicos se les llamaba co-alcohólicas. Posteriormente, en la década de los setenta comenzó a emplearse el término para denominar a aquellas personas que poseen una relación estrecha con un adicto a cualquier sustancia y que, de alguna manera, desarrollan una relación enfermiza con él que les lleva a la facilitación de la adicción y a enfermar.

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La familia también sufre las consecuencias de que uno de sus integrantes consuma drogas o alcohol. Los sentimientos de frustración, culpabilidad, impotencia, etc… que experimenta la familia alrededor de esa adicción pueden producir un trastorno conocido como codependencia.

El codependiente es el que se dedica a cuidar y a “salvar” a la persona con adicción involucrándose de una forma obsesiva en las situaciones y problemas del familiar adicto frustrándose ante los repetidos fracasos (recaídas), llegando a adquirir características y conductas tan anormales como las del propio adicto. El codependiente puede llegar a perder el control de su propia vida y de sus límites, invirtiendo toda su energía en el adicto, llegando a la negligencia de sí mismo y el debilitamiento de su propia identidad desequilibrándose en las áreas personal, familiar, laboral y social e involucrándose hasta el punto de vivir por y para el adicto.

Podemos definir también la codependencia como un tipo de dependencia a las relaciones o de dependencia emocional.  Se forma en el vínculo enfermizo con la figura de apego: el niño o niña siente que si se preocupa por su madre/padre será correspondido en su necesidad de afecto y si no se preocupa puede ser abandonado. Esta situación genera una forma de vincularse adictiva.

¿Cuáles son los síntomas de la Codependencia?

1) Estar siempre preocupado por complacer a los demás. Las personas codependientes sacrifican sus necesidades para atender primero las de su pareja o de otras personas.

2) Tener dificultades en decir que no o en expresar sus preferencias.

3) Baja autoestima. La autoestima de las personas codependientes depende en gran medida de la aprobación de los demás. Se preocupan demasiado por lo que los demás piensan de ellos.

4) Miedo a ser rechazado o a ser abandonado.

5) Negación. Hacen la vista gorda sobre aspectos problemáticos de su pareja y de la relación.

6) Pasan su tiempo tratando de cambiar a su pareja u otras personas significativas.

7) Límites difusos. Las personas codependientes a menudo se sienten responsables por los sentimientos y problemas de los demás. Se muestran excesivamente empáticos. Como tienen límites difusos, absorben con facilidad las emociones de los demás.

8) Siguen atrapados en una relación insatisfactoria y a veces extremadamente abusiva, aunque en el fondo sepan que esa relación no les conviene.

9) Control. Los codependientes a menudo sienten la necesidad de controlar (de forma implícita o explícita) a los que están a su alrededor. Lo hacen porque controlar les aporta seguridad.

10) Tener obsesiones. Las personas codependientes tienden a pasar mucho tiempo pensando en otras personas o en los errores que han cometido.

Estos síntomas se presentan primero con la persona adicta con la que hay un vínculo afectivo, pero luego se transfiere a otras relaciones, generalizándose.

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Paradójicamente además, la familia afectada por una adicción termina produciendo un sistema de conductas que apoyan al desarrollo de la adicción. Como decíamos al principio, la codependencia acaba facilitando la adicción de la persona enferma. La conducta codependiente es también una respuesta enferma al proceso adictivo, pero además se convierte en un factor clave en la evolución de la adicción. O sea que la codependencia promueve el avance del proceso de la adicción.

A este concepto le llamamos “facilitación”, y puede tomar diversas formas que oscilan entre la colaboración y la agresión. Los codependientes no pueden darse cuenta de que están facilitando el problema, en parte por la negación y en parte porque están convencidos que su conducta está justificada, debido a que están “ayudando” a que el adicto no se deteriore más, y a que la familia no se desintegre.

Las relaciones familiares y la comunicación se van haciendo cada vez más disfuncionales, debido a que el sistema familiar se va enfermando progresivamente. La comunicación se hace más confusa e indirecta, de modo que es más fácil encubrir y justificar la conducta del adicto, haciendo su aparición la facilitación de la adicción.

Por eso, es absolutamente recomendable que se incluya a la familia en los tratamientos con el drogodependiente, para que no se genere la codependencia o tratarla si ya está presente. Esa es la mejor ayuda que puede dar la familia.


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